domingo, 17 de enero de 2016

BLOQUEO DEL SISTEMA ELECTORAL

Si ningún partido de izquierda logra superar el 5% en estas elecciones, la izquierda será borrada del sistema político por muchos años.
La derecha está trabajando para una ilegalización “legal” de los que no están conformes con su sistema. A esa tarea colaboran quienes contribuyen a una suicida dispersión del voto de izquierda.
Antes dieron la Ley de Emergencia con Benavides y la Ley de Seguridad Interior con Odría. Ahora les basta con la televisión y la reforma electoral.
Aprobarán una reforma electoral: suben las firmas necesarias para inscribir candidaturas, concentran la confección de listas en las cúpulas de Lima y subvencionan con dinero del Estado a los partidos del sistema. La izquierda quedará afuera, marginada.
La verdad es que antes que eso suceda, el pueblo del Perú ya tiene cerrado el acceso al sistema político. No les basta con una democracia de baja intensidad. Ahora le han puesto cadenas.
La democracia peruana es, en realidad, dictadura de las empresas, autocracia mediática y plutocracia. O peor, está en camino a ser una narcocracia como ya empiezan a declarar los propios comentaristas y analistas del sistema mediático.
Aquellos que después de Velasco recapturaron el gobierno que debería pertenecer a los peruanos y las peruanas quieren quedarse indefinidamente en el poder para continuar lo que han hecho durante estos años: enriquecerse. Ya llevan 40 años en el poder económico y político haciéndose elegir con trampas y nombres distintos (Belaúnde, García, Fujimori, Toledo, nuevamente García, Humala) para mantenernos encadenados a los poderes internacionales.
En el noventa, los poderes transnacionales aprovecharon la tragedia peruana que era consecuencia simultánea de la irresponsabilidad de las políticas económicas inflacionarias de García y la sangrienta estupidez del terrorismo senderista, para apoderarse del gobierno peruano; se instalaron en los ministerios y en el congreso, con la decisión de no moverse más de allí. A cambio le dieron al pueblo, la estabilidad ilusoria de una macroeconomía traducida en cifras manipuladas sobre pobreza e inflación; el abastecimiento para los menos con almacenes repletos de mercaderías que se miran o se compran con tarjeta; y, al mismo tiempo, la inestabilidad en el empleo, la violencia delictiva en las calles y la destrucción de los hogares. Le concedieron una paz basada en la alienación mientras sofocan la protesta social. Una paz impregnada de inseguridad, incertidumbre y delincuencia.
Se concentró la propiedad de las cadenas de radio y televisión postergando indefinidamente las licencias de los propietarios de radioemisoras y canales que sirvieron a Fujimori a pesar de los comprobados delitos que sus dueños cometieron; y además no les cobraron los impuestos que deben. Mientras se prohibió la reelección de gobernantes regionales, provinciales y distritales, se mantuvo la reelección indefinida de los congresistas. Mientras los profesores universitarios deben cesar obligatoriamente a los setenta años según la nueva ley universitaria, los mayores de setenta pueden seguir reeligiéndose indefinidamente en el Congreso. Se usó el presupuesto del Perú para pagar salarios del primer mundo a congresistas, ministros, viceministros y ejecutivos (para comprarlos) mientras se mantiene con salarios del tercer mundo a maestros, médicos, trabajadores y trabajadoras de la salud. Se aprobó mediante el fraudulento referéndum de 1995, la Constitución de 1993 que prohíbe al Estado tener empresas e intervenir en la economía. Se permitió y promovió el embrutecimiento del pueblo con programas basura, se premió y premia con anuncios estatales la destrucción de la dignidad y la moral que hace día y noche la televisión. Se las ingeniaron para anular los estudios de historia y educación cívica en las escuelas.
Promueven el temor a la revolución, a las reformas, a la distribución de la riqueza, a los salarios altos, a los derechos sociales.
Ellos tienen ahora la sociedad que quisieron. La de pasarse todas las luces rojas en todo y para todo. La sociedad convertida en el libre mercado de los principios y las voluntades. Quieren un pueblo ignorante, inculto, sin educación cívica, sin valores y sin memoria. Prefieren eso a tener que vérselas con una población consciente de su dignidad y derechos.
Como consecuencia tenemos una feria de tránsfugas en el proceso electoral. Ya no se postula, se compra candidatos y éstos, a su vez, compran sus cupos en las listas. Convertidos en clubes de ricos, los llamados “partidos políticos” fichan (contratan) a las estrellas de las encuestas, tal como la FIFA promueve el tráfico de jugadores. Si la FIFA trafica con los jugadores, el sistema electoral peruano trafica con las conciencias.
No debemos tolerar el infame pacto de hablar medias verdades, eufemismos y mentiras disimuladas mientras nuestro país se hunde en el pantano.
Una rebelión moralizadora y reivindicadora de los valores cívicos es necesaria para impedir que el Perú siga rodando por la pendiente de la vergüenza. Podemos y debemos decir la verdad sin extremismo, asumiendo la responsabilidad de las tareas consiguientes que debemos realizar juntos.
Es imprescindible exigir la apertura del sistema electoral a los movimientos democráticos y al pueblo en general.
Pero para ello debemos reconstruir nuestra relación con el pueblo.
En las décadas recientes han surgido cientos sino miles de movimientos distintos enfrentados a las acciones contaminadoras o saqueadoras de las grandes empresas y el gobierno central. Es una izquierda social. Estos movimientos son integrados o promovidos por grupos distintos, no siempre vinculados ni articulados. Es un movimiento diverso, activo, pero disperso. En él operan elementos sociales de todos los tipos, buenos y malos, morales y corruptos.
Decenas de miles de líderes locales, comuneros, amazónicos, campesinos, obreros, lideran las protestas. Algunos pertenecen a los partidos de izquierda, pero la mayoría no, porque las izquierdas también han sido centralistas y han operado en la cúpula del sistema, tal como el sistema en general.
Las izquierdas están dispersas. Pero aún si estuvieran unidas, su unidad  no tiene sentido sino no va vinculada a este movimiento. Pero eso no es fácil porque se trata de intereses y culturas distintas. Y así como es estratégicamente importante encontrar bases de unión en los distintos movimientos de las izquierdas políticas, tanto o más importante es encontrar una vinculación práctica entre las izquierdas políticas y las izquierdas sociales; y entre éstas y el resto del pueblo. Sin las izquierdas sociales y sin el pueblo en general, la unidad de la izquierda no tiene sentido. Mientras la relación entre izquierda y pueblo no se reconstruya; mientras no se convierta en una relación fraterna, igualitaria y fluida sin cacicazgos ni engaños, de una y otra parte, nos veremos obligados y obligaremos al pueblo a votar por el mal menor o por el exitoso de turno que llega por la izquierda para gobernar con la derecha, o por el caudillo que roba pero hace obra.

Pero ya no hay mal menor. Los cinco del patíbulo que encabezan las encuestas y algunos de los que no están en ese grupo encarnan, todos ellos, males mayores.

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